martes, 27 de octubre de 2009

Los 2 lados de la cama: Silogismos desafinados

Los 2 lados de la cama
España, 2005
✰✰

Se quejan actores, directores, productores, estafadores y demás ralea de que el cine patrio vive una profunda crisis de la que no hay manera de salir, echándole gran parte de la culpa de sus males a ese peculiar fenómeno económico que han dado en llamar “piratería” por no encontrar palabra que intente resultar más ofensiva. Se queja el público, por su parte, de que el cine patrio vive una profunda crisis etcétera debido a que las películas que se hacen en nuestro país son de una calidad cuanto menos discutible. Visto el ejemplo que me ha tocado tragarme hoy, y con dolor porque en el fondo son compañeros de gremio, me temo que me toca darle la razón al segundo grupo.

¿Qué puede haber peor que un octógono amoroso de credibilidad más que dudosa aderezado con una sarta de tópicos sin gracia, todo ello ambientado en un entorno mitad opulento, mitad decadente? Difícil de superar, ¿eh? Pues imagínense todo eso, pero con versiones chungas de música ochentera, una década que, pese a tanta mitificación y tanto “revival” como se están sacando de la manga últimamente a base de anuncios de Coca Cola, en general en el ámbito sonoro es bastante prescindible. Versiones chungas no sólo en cuanto a la adaptación, ya de por sí motivo de juicio sumarísimo, sino también, y muy especialmente, en la interpretación. Es lo que tiene pretender hacer un musical contratando para ello a actores de los que es público y notorio que no saben cantar y tampoco tienen dominada la técnica del playback, mucho más difícil y meritoria de lo que parece. Sólo se puede aplaudir a la muy guapa Lucía Jiménez, quien se nota que de gorgoritos sabe un rato. Al resto les han metido en el embolao y salvan la papeleta como buenamente pueden, aunque a María Esteve se le agradecen los servicios prestados pero casi mejor que asuma que esto no es lo suyo.

El director, Emilio Martínez-Lázaro, quien por lo visto ya ha tenido éxito en su vida con engendros parecidos, se monta un cacao mental que no arregla ni Guillermo Toledo, siempre chisposo aunque algo cargante, ni el insulso Ernesto Alterio. Verónica Sánchez está muy voluntariosa y consigue salir con dignidad, al igual que Alberto San Juan, el mejor con diferencia, y el breve pero aprovechable Secun de la Rosa. Con tanta gente se (des)organizan unos jaleos de uniones, desuniones y arrejuntamientos que desafían el temario de cualquier profe de Lógica de bachillerato y logran a la vez la paradoja de no ser creíbles pero sí predecibles. Vale, sí, ya me sé ese rollo de que el amor no es nada lógico, ni siquiera sensato, y de que esto es ficción y se le permiten unas cuantas licencias. Pero oigan, hasta cierto punto, digo yo. Que una cosa es la pasión y otra llegar a un nivel en que casi ni los propios personajes sepan quién está con quién.

En la Universidad, ese pozo de sabiduría gracias al cual he acabado escribiendo cosas como esta y encima sin cobrar, nos contaron una vez que en España hacer una película, tenga el resultado que tenga en taquilla, es rentable gracias al pedazo de invento que son las subvenciones. Me consta, sin embargo, gente con ideas brillantes que ha de dejar sus proyectos en el tintero por pura falta de recursos. No quiero acusar sin pruebas, ya sólo me faltaría meterme en pleitos por un curro no remunerado, así que lo proclamo en condicional: si esta película ha recibido una sola peseta de mis impuestos por parte del ministerio de Cultura, algo huele a podrido en la nación. Algún subsecretario debería tomar cartas en el asunto. Mientras tanto, que no me vengan con cuentos de crisis y que la EGEDA, equivalente audiovisual de la SGAE, no llore: el cine “pirateado” seguirá siendo mayormente extranjero.

La próxima: Sherlock Holmes

jueves, 22 de octubre de 2009

Resacón en Las Vegas: Demasiado estúpida para insultarla

Resacón en Las Vegas
(The Hangover)
EE UU, 2009
★★

Es público y notorio, y si no se lo sabían apúntenselo porque entra en examen, que a los juntaletras hay dos cosas que nos cuestan en el ejercicio de nuestra tarea más que ninguna otra. Una de ellas es amoldarnos a los plazos y, sobre todo, a los espacios. Porque no falla: si te fijan una extensión concreta (ahora es cuando mis lectores me agradecen que me haya impuesto a mí mismo no torturarles durante más de una página con interlineados y márgenes estándar en Times New Roman del 12), lo que tienes que decir siempre ocupará o bastante más, y tendrás que exprimirte neuronas para recortar, o bastante menos, y tendrás que exprimirte neuronas para inflar con paja. La otra, casi un párrafo después, es encontrar un buen título, algo con gancho, la frase perfecta que incite al lector a avanzar por el texto. Por eso agradecemos sobremanera cuando esa frase la suelta uno de los personajes, en este caso el dentista desdentado y cornudo que interpreta con relativo acierto el desconocido Ed Helms.

Tenga claro el que se anime a ver esta película que se va a encontrar con una americanada de las que cumplen con todos los tópicos y requieren el consumo de cantidades industriales de palomitas. No faltan explosiones, persecuciones temerarias por carretera, golpes de todo tipo, situaciones ridículamente embarazosas o señoritas de buen ver a las que, oh cruel paradoja, no se les llega a ver nada. En concreto este filme es del género “americanada de risa”. Y hombre, reírse, se ríe uno, ese mérito no se lo negamos. Tiene sus puntos divertidos e incluso en algunos momentos llega a ser sublime.

Otras escenas, sin embargo, pretenden provocar la carcajada y lo máximo que consiguen es sonrojar a quien esté al otro lado de la pantalla. Para no defraudar a los más fieles seguidores del estilo, incluye su pertinente colección de diálogos llenos de palabros malsonantes que no vienen a cuento. Me dijo un profe en su momento que soltar un taco está bien cuando está bien, que para eso los recoge el diccionario (nunca le estaremos lo suficientemente agradecidos a don Camilo José Cela), pero que cuando no pega y se suelta con la supuesta intención de caer en gracia, se termina convertido en el graciosillo de turno que a todo el mundo toca la moral. Habría que montar una comisión de investigación para ver si el responsable es el jefe de doblaje (nada del otro mundo en este caso) o hay que pedir cuentas directamente a los yanquis.

El problema de la película es muy fácil de detectar: dura 99 minutos. Que no parece mucho, en peores nos hemos metido, pero siendo muy generosos le sobran como mínimo 15. Y para rellenar, los guionistas, un tal Jon Lucas y un tal Scott Moore, a quienes se reconoce la valentía del planteamiento temporal novedoso para este tipo de cine, no han tenido mejor idea que incluir un puñado de situaciones absurdas. Un simple botón de muestra: sale Mike Tyson con un tigre. La historia tiene su interés, pero con tanto requiebro innecesario acaba uno perdido, como supongo que estaría el director (Todd Phillips) cuando le encargaron lidiar con semejante colección de disparates.

La cortesía obliga al menos a enumerar a los intérpretes: el citado Helms, el exagerado Bradley Cooper y el poco creíble Zack Galifianakis, pronúncienlo si se atreven, vendrían siendo los actores principales. Actriz principal no hay, eso que nos ahorramos, porque el nivel suele ser tirando a regular. Con estos mimbres sale un cesto resultón, adecuado para guardar la compra de la casquería. No intenten creer que es un florero de porcelana de diseño.

La próxima: Los 2 lados de la cama

jueves, 17 de septiembre de 2009

Alguien voló sobre el nido del cuco: Un indio llorando

Alguien voló sobre el nido del cuco
(One Flew Over the Cuckoo's Nest)
EE UU, 1975
★★★★✰

No se asusten, queridos y muy bienvenidos visitantes rojiblancos: la directiva atlética no ha cometido recientemente ninguna de sus habituales barrabasadas que nos mandan de vez en cuando al muro de las lamentaciones; además, recuerden que esto va de cine, así que aparcamos el balón hasta cuando toque Evasión o Victoria. Lo del indio va en sentido literal: es un indio de verdad, de los norteamericanos, de esos enormes con melena lacia de pelo negro. Y sale en una de las últimas escenas de la película, y tiene su importancia y su significado y todo eso. Pero no se preocupen, que hasta ahí puedo leer, no les voy a chafar el final. Asuman este arranque como un intento de licencia literaria: a poco que se hayan dedicado a juntar letras sabrán lo difícil que es dar con un título medianamente aceptable.

Y no se lo destripo porque aconsejo que se pasen por su videoclub o su biblioteca de guardia, o si son gente pudiente directamente acérquense a una buena tienda, y háganse con un ejemplar de este buenísimo filme. Que no sólo lo digo yo, ¿eh? Que entre el rosario de galardones que se ha llevado, de esos trofeos que entrega la gente que dice que sabe, hay estatuillas para montar un todo a cien: sin contar candidaturas, tenemos seis BAFTA de la Academia británica, otros seis Globos de Oro, premios de las asociaciones y sindicatos de Actores, Editores, Directores, Guionistas y Críticos, casi una decena de laureles menores, condecoraciones en países tan dispares como Alemania, Francia, Italia, Suecia, Japón o hasta España, e incluso ya puestos, un Grammy por la sutil banda sonora que se sacó de la batuta el maestro Jack Nitzsche. Bueno, y también cinco Oscars. Que ya sabemos cómo se las gastan los yanquis, pero en este caso, aun sin conocer a las rivales, parece que acertaron y todo.

Uno de esos Oscars, a lo mejor el más merecido, es para Jack Nicholson (R.P. McMurphy), posiblemente el actor protagonista que más divertido es capaz de ser, y a la vez el que más miedo es capaz de dar sólo con una mirada. Imponente también, e igualmente condecorada, la mala malísima del cuento, la terrible enfermera Ratched a quien da vida Louise Fletcher. No menos destacable, aunque no se llevara monigote dorado, es la actuación de ese pequeño gran hombre llamado Danny DeVito (Martini), quien en este papel secundario, puede que uno de los pocos de su carrera que en rigor no fueran cómicos, logra mantener el nivel del drama regalando de vez en cuando momentos impagables de risa. De hecho, en general todo el reparto está brillante, pero si nos ponemos a enumerarlos no nos da tiempo a hablar del director, el checo Miloš Forman, quien consigue sacar el máximo de los intérpretes, muchos de ellos desconocidos hasta este rodaje. Bien es cierto que el guión ayuda: se trata de una historia que engancha, extraña hasta límites desconcertantes, de lo más increíble si se analiza en frío pero que, tal como está contada, parece lo más natural del mundo.

¿Por qué, entonces, pese a tanta alabanza no le cae la estrella que le falta? Un crítico documentado alegaría motivos serios y meditados, como por ejemplo que la fotografía es correcta, sin más, o que aunque luego mejora y engancha sin contemplaciones, el ritmo en los primeros minutos se hace algo lento. Yo me he buscado una razón más prosaica: en 133 minutos de cinta, que cierto es que se hace más corta pero no dejan de ser dos horas holgadas, no hay una sola referencia que aclare a cuento de qué ese título, que si se cambiara por cualquier otro nadie notaría la diferencia. Vale, luego se pone uno a investigar y resulta que es una frase sacada de la novela original, en una escena que el director decidió no rodar. Pero estarán conmigo en que la misión de un espectador medio no es ponerse a investigar, ¿no?

La próxima (esperemos que tarde menos de un año): Resacón en Las Vegas

viernes, 22 de agosto de 2008

Reservoir Dogs: En un país multicolor

Reservoir Dogs
EE UU, 1992
★★★★✰

Un par de kilos de balas, esperemos que de fogueo. Sus correspondientes pistolas. Algún que otro coche antiguo, no importa que no esté en perfectas condiciones, ya se tuneará si hace falta. Unos cuantos conjuntos de traje negro, camisa blanca y corbata a juego. Y cantidades industriales de zumo de tomate. Entérense, señores guionistas: no hace falta derrochar el presupuesto en efectos especiales para conseguir un peliculón. Quentin Tarantino, novato director de esta cinta, le recuerda al mundo que, como de costumbre, lo primero es lo primero: si hay un buen texto de base, tenemos mucho terreno ganado.

Porque además, tan hartos como podemos estar a estas alturas del Hollywood edulcorado habitual, nunca está de más echar mano del cine independiente (o algo parecido: hablamos de más de un millón de dólares) y sus soplos de aire fresco. Es difícil imaginar que uno de los grandes estudios, tan puritanos ellos, autorizara, más que el argumento (que aun así no deja de ser impactante), la forma de rodar de Tarantino. Hay acción, sin duda, porque esto es una película de tiroteos y esas cosas. Pero también hay diálogos sesudos (moderadamente, no se me asusten), que aunque cualquier madre censuraría por malsonantes, son tan valiosos, y tan entretenidos, como los disparos propiamente dichos, si no más. Hay planos larguísimos, que desesperarían al productor en busca del taquillazo fácil, pero que mantienen la intriga y atrapan la atención del espectador impaciente por ver cómo se resuelven. Hay también excepciones a esto último, claro, y momentos donde dan ganas de decir “Oye, Quentin, que esta parte ya la he pillado, a ver si arrancamos de una vez”, pero son los menos. Y hay violencia. Mucha violencia. Y de lo más explícita. Bastante gratuita en algunas ocasiones, en otras bien justificada por el guión. Son las cosas de Tarantino: a algunos les dará grima, a otros les parecerá genial. En todo caso, si luego tienen pesadillas no digan que no se lo advertí.

Los actores, rigurosamente en masculino, parece que sí que dormían bien, porque sus interpretaciones no merecen ni un reproche: brillante Harvey Keitel en la dificilísima, por contradictoria, piel del Señor Blanco; algo más flojo pero también espectacular Tim Roth de Señor Naranja; más que aceptables el resto de colores (verosímil, pero un tanto ridículo, ese sistema para nombrar a los personajes), entre los que se encontraba el propio Tarantino, que sale poco pero no desentona. Hasta el doblaje castellano, del que tanto se despotrica a veces, estaba sorprendentemente bien hecho. La estética también quedó bastante cuidada, cambiando el tono según dónde se ubica cada acontecimiento de los muchos que ocurren, pero manteniendo una línea coherente que da un aire de submundo mafioso de principios del siglo pasado que le viene que ni pintado a la historia. Se presta también especial atención a la banda sonora, llena de éxitos setenteros que además tienen su relevancia en la narración. Eso sí, puestos a sacar pegas, quizás la música sea buena pero insuficiente: algunas de esas escenas largas y profundas no tienen más que el silencio de fondo, lo que a veces resulta agobiante y, lástima, le cuesta la quinta estrella.

Tarantino, llamado a convertirse en director de culto, se presenta en sociedad con un filme potente, convincente, lleno de sorpresas, y que incluso en ocasiones invita a la reflexión de la mejor manera posible: camuflándola entre la trama, para que luego uno se dé cuenta al rato de haber visto la película, cuando esté rememorando alguno de los diálogos magistrales con que nos obsequia. Muy mascadito, muy fácil de entender todo, sin florituras innecesarias ni requiebros pseudoartísticos. Las cosas claras, el chocolate espeso, y las balas, de plomo.

La próxima: Alguien voló sobre el nido del cuco

martes, 12 de agosto de 2008

Batman Begins: Cuando el murciélago vuela bajo…

Batman Begins
EE UU, 2005
★★★✰✰

Con la precisión del más experto Arguiñano, los maestros de los fogones de Hollywood tienen la extraña habilidad de dar de vez en cuando con la receta mágica del pelotazo taquillero. La cosa tiene mérito si se tiene en cuenta la poca variedad de ingredientes de que suelen disponer: una chica guapa (a medio pelar), un chico guapo (pelado del todo), un puñado de malos malísimos especialistas en encajar guantazos, y cuarto y mitad de explosiones, petardos y ruidos de todo tipo, directamente importados de los restos de serie de las Fallas. Los (pocos) que además de gastarse mil pesetas en una entrada quieran que la historia que les cuenten les haga pensar, que se vayan a ver a Woody Allen, que para eso le dejan hueco.

A veces, sin embargo, suena la flauta, y una película predestinada a limitarse a cumplir con los tópicos se las apaña para ir un puntito más allá. Es la ventaja que, a poco que se sea hábil, otorga basarse en una historia como la de Batman, que no por manoseada deja de ser fascinante: la Warner, además de poner la pasta, da el guión ya casi hecho, así que el director (Christopher Nolan), libre de presiones, puede permitirse recrearse en detalles a priori secundarios. La consecuencia negativa es que nos vamos a más de dos horas de metraje, pero aun así no se hace demasiado pesado, esto no es una “burtonada” como las perpetradas hace década y media. Nolan consigue sacar adelante un filme de lo más aseado prácticamente sin despeinarse. Pero claro, tanto andarse por las ramas tiene sus riesgos, sobre todo cuando se trata de una saga tan famosa que el público se sabe de memoria el argumento antes incluso de ver la propia película. No sería de extrañar que algún espectador se sintiera traicionado por darle más protagonismo a la persona que copa la identidad secreta de Batman que al hombre-murciélago en sí mismo. También puede hacerse bastante raro que el superhéroe, en su afán por salvar el mundo, empiece provocando muchos más destrozos (o “daños colaterales”, como se dice ahora) que beneficios. El triple mortal con tirabuzón garantiza un vuelo espectacular, pero no hay red de protección: si el tren de aterrizaje falla, la morrada será de órdago.

Para estabilizar el planeo, aparte de la consabida y por lo visto nunca suficientemente derrochada pirotecnia, se cuenta con un reparto de lo más competente. Obviando los recelos que siempre despierta el hecho de que el actor protagonista (Christian Bale) tenga más pecho que la actriz principal (Katie Holmes), ambos cumplen con solvencia con sus papeles, aunque quizás sea achacable una cierta frialdad al que encarna a Bruce Wayne. Entre los secundarios, sublime una vez más Morgan Freeman. Lástima que no se pueda decir lo mismo de los dobladores, en especial de la que se encarga de pasar al castellano a Rachel Dawes: el chirriante tono de telepredicador en pleno sermón que le han puesto hace desear que el villano de turno no tenga compasión alguna por ella. Por otra parte, la ambientación, aunque en ocasiones parezca algo exagerada, en general es bastante aceptable: la banda sonora, sin ser particularmente novedosa, cuadra a la perfección con el ambiente sórdido de megalópolis decadente que los responsables de atrezzo y sobre todo vestuario han conseguido crear.

Que este último sea el mayor punto de fuerza puede ser bastante significativo. Quien espere un filme extremadamente innovador acabará sintiéndose defraudado, porque a fin de cuentas esto no deja de ser una de superhéroes, pero los fanáticos del género le reprocharán, con razón, que le falta chispa. El valiente Nolan se queda a mitad de camino: su película es entretenida, resultona, se deja ver, pero difícilmente levantará pasiones. Afortunadamente para él, la saga da para mucho. Esto es sólo el principio.

La próxima: Reservoir Dogs

martes, 5 de agosto de 2008

Brokeback Mountain: A veces hasta la Academia se confunde

Brokeback Mountain: En Terreno Vedado.
EE UU, 2005
★✰✰✰✰
Tres premios gordos, tres. Esa es la cantidad de estatuillas doradas que se llevó este filme en el último cónclave de los, más o menos, universalmente aceptados como grandes gurús de este escabroso mundillo que es la cinematografía. A saber: Óscar al mejor director (el taiwanés Ang Lee), mejor banda sonora original, y mejor guión adaptado. Menos de la mitad de las candidaturas a las que optaba, un total de ocho, y sólo uno del selecto grupo de laureles prestigiosos (película, director e intérpretes).

Se ve que en la Academia estadounidense son más avispados de lo que parece y no se han dejado engatusar por la propaganda que tiende a poner esta película por las nubes. Aun así, decepciona comprobar que, aunque en menor medida de lo que cabía esperar, en el fondo han acabado por ceder ante las presiones de los correspondientes lobbies. Porque con los dos primeros galardones se puede transigir (aunque con bastantes reservas en el caso del director), pero el último es completamente inaceptable. La historia carece de cualquier tipo de originalidad: de hecho, si se cambia la identidad de los personajes principales, sin modificar de ningún modo su forma de reaccionar ante los acontecimientos, por la típica parejita de terratenientes o de urbanitas opulentos, sería sumamente complicado distinguir esta película de un vulgar culebrón (versión light, naturalmente), o peor aún, de uno de esos telefilmes de la sobremesa del fin de semana. En todo caso, el propio hecho diferenciador de los protagonistas ya podría ser suficiente para salvar el filme: no sería el primer largometraje que se libra de la quema por una maniobra de este tipo. Lamentablemente, aquí ni eso acude al rescate: más de ¡dos horas! de lánguida y soporífera divagación acaban con la paciencia del más pintado y destruyen todo efecto sorprendente que algunos fragmentos de la trama pudieran tener. Un final decepcionante, por facilón y poco novedoso, termina de rematar la faena.

Cierto es, todo hay que decirlo, que el valor del director para tratar un tema tan delicado, rompiendo toda clase de tópicos en un género tan rígido como es el western, merece un reconocimiento que no se le negará; quizás sea incluso demasiado innovadora, hasta el punto de que hay momentos en que Heath Ledger (Ennis del Mar) y Jake Gyllenhaal (Jack Twist) no parecen creer que sus propios personajes sean verosímiles. También es innegable la inmaculada factura técnica: bellísima fotografía del lejano Oeste norteamericano, atípica para el género, pero muy adecuada para un guión tan ñoño; tres cuartos de lo mismo ocurre con la música, inviable en condiciones normales, perfectamente acorde con la (falta de) acción. Y bueno, el pobre montador no tiene la culpa de tener que trabajar con estos mimbres, debe de ser difícil conseguir algo más que larguísimas escenas llenas de conversaciones presuntamente profundas y transcendentales cuando los momentos de jugosa tensión narrativa disponibles entre tanto pastel se cuentan con los dedos de una mano.

Hay mejores opciones en cartelera antes que gastarse el dinero en este aburrimiento. Tampoco se molesten en hacerse con el DVD, y no les queden remordimientos: por lo visto mucha otra gente ya ha picado, víctima de la publicidad, y la productora no lo sufrirá mucho. Si tienen curiosidad morbosa, única razón por la que se justificaría tragarse los ciento veintitantos minutos de metraje, espérense a que algún programador de pocos escrúpulos la emita en su canal favorito. Confiemos en que al menos sea caritativo y lo haga a la hora de la siesta.

La próxima: Batman Begins

domingo, 3 de agosto de 2008

¿Era necesario?

Realmente, no. Para qué engañarnos: aunque me gustaría que fuera lo contrario, la humanidad tal como la conocemos podría seguir sobreviviendo si este blog no hubiera nacido. Pero oigan, tampoco estorba, ¿no? Y además los de Blogspot son gente muy maja y me dejan publicar gratis...

Dicen los libros de estilo de los blogs (que existen, no se vayan a pensar: en este mundo ya está casi todo inventado) que para quedar bien, la primera entrada, el primer "post" que dicen los guiris, tiene que ser una especie de presentación y declaración de intenciones. Bueno, vale, si ellos lo dicen habrá que hacerlo, no voy a llegar yo aquí de nuevas reventando las reglas. Se debería deducir por el título, pero por si acaso, repetimos, cual anuncio de natillas.

No creo que nadie esté particularmente interesado en mis marujeos personales, y si alguien lo está, dejen comentarios o manden emails y ya estudiaremos la solicitud. Y no se me ocurría ningún otro tema sobre el que generar agrias polémicas sin que la sangre llegara al río. Así que este blog va a ir de la segunda forma de entretenimiento más importante de la sociedad, siempre por detrás del noble arte del balompié: el cine.

Problema: nuestro sistema educativo es tan peculiar que ser un Señor Licenciado (trátenme de usted) en Comunicación Audiovisual no garantiza tener ningún tipo de conocimiento especial sobre la materia. Vale, sé cómo se llaman los planos y todo eso, pero, hablando en plata, no tengo ni idea de cine. No me pidan que les analice el carácter más o menos artístico de tal secuencia, o el intrincado significado oculto que el director de turno haya querido dar metiendo en escena tal objeto. Porque además, ni me va ni me viene. Yo soy de los que se sientan en la butaca (cuando la crisis lo permite; si no, me vale la tele, o la pantalla del ordenador... sí, señores de la SGAE, yo me bajo películas, qué pasa) y se limitan a ver imágenes. Mis criterios de valoración no van más allá de "me gusta - no me gusta".

Que es, si mis fuentes no me fallan, lo que hace la mayoría de la gente, el "espectador medio" no especializado, ese del que tanto hablan los listillos para decir que se traga cualquier basura. Pues yo soy de esos, y no me da ninguna vergüenza reconocerlo. Hablaremos de cine en ese plan. Sin complicarnos la vida. Con estilo más o menos bonito, más o menos acorde a las circunstancias; si ven que la cosa no cuadra, reclamaciones a don José Cabeza, profe de Crítica de Cine, una de las pocas asignaturas de la carrera en la que se aprendían cosas medio útiles (y encima era optativa).

Pues hala, al turrón. Ya me he metido en el embolao yo solo, ahora me toca ponerme a ver pelis y a escribir. De momento, voy anunciando que arrancaremos con Brokeback Mountain, que no es moco de pavo. Pero eso será de aquí a un par de días, que si lo pongo todo de golpe se pierde la intriga. Manténganse atentos.